martes, 17 de diciembre de 2024

VOCES Y LATIDOS


MÁSCARAS DE APARIENCIAS

Hay máscaras que por más que quieran ocultar verdades,

evidencian temores que dejan al descubierto sentires falaces.

Tras el rostro sutil de bondades que cumplen normatividades

hay miedos de un querer oculto que carcome realidades.

Si el cuerpo encierra emociones bajo las vigilancias sociales

entonces el alma se esclaviza para aparentar responsabilidades.

 

Así, mejor es cumplir con el mandato de las masculinidades

para evitar escarnios de quienes vigilan como animales voraces.

Resistir y negar para controlar el deseo de las sensibilidades

es rechazar para construirse fuerte ante claras vulnerabilidades.

Venga este canto afectivo que sucumbe ante reglas morales,

para anular apariencias que silencian el grito de las libertades.




miércoles, 4 de noviembre de 2020

AUTOBIOGRAFÍA

SER DEL SUR

Nací y he crecido en Tabasco, pero una parte importante de mi infancia transcurrió en Chiapas, por eso soy cálido y bullanguero, con la misma intensidad que los cerros y el mar pintan de paisajes multicolores a las tierras del sur. Septiembre fue el mes de cuna, y con él, festejo el canto de la campana, el baile de los fuegos artificiales y el grito unísono de recordar que formo parte de la fiesta tricolor.

He caminado bajo el intenso sol que marca al campo, tierra fértil de cacao, cítricos y café; he gozado el aire puro entre montañas y fríos amaneceres, pero también entre ríos y calientes atardeceres. Soy de ese rincón esmeralda y turquesa, donde las miradas se pierden entre la exuberancia de la selva y la inmensidad del mar. Por un lado me llama el canto de la marimba, pero por otro me retiene el sonido del tambor. Ese es el marco de mi niñez, de ir y venir entre dos territorios que forjaron en mí el amor a lo propio, lo local y lo comunitario. 

Mi voz se ha llenado de sonidos del agua, porque donde nací, estoy rodeado de ella. Por algo Carlos Pellicer dijo que Tabasco es agua por todas partes, ¡y cómo no va ser!, Si nos baña el Usumacinta, el Grijalva, el Mezcalapa y el Carrizal, por mencionar solo a cuatro de esa red hidrológica que atraviesa a la  "tierra anegada". Pero mi fortuna no se quedó ahí, porque también me cubrió el manto estrellado de la "última frontera de México", donde Jaime Sabines escribió al amor y al desamor, ¡y cómo no va ser!, Si la Sierra Madre Occidental regala al viajero fotos de color que algún día la erupción del Chichonal cubrió, pero que Chiapas superó.

Mi historia corre por ambos lados, desde olmecas hasta mayas, desde chontales hasta lacandones. ¡Es mi tierra bendita mexicana !, patria de Tabasco y Chiapas, del Olarte y del Ramos.

Mi nombres es ese, Olarte Ramos, de Tabasco y Chiapas, donde Carlos me llaman y Arturo me nombran. Orgulloso estoy de ser del sur.





domingo, 23 de agosto de 2020

ENSAYO LITERARIO

MÁS QUE DE HOMBRES, LA EJERCEMOS TODOS Y TODAS

Carlos Arturo Olarte Ramos

 

En una sociedad donde existe violencia es imposible que haya democracia, más cuando se educa en la desigualdad y no en las diferencias, que posibilita el abuso del poder por parte del/a victimario/a hacia la víctima en una evidente situación transgresora a los derechos humanos. Es una realidad que empaña el esfuerzo por diseminar la cultura de la paz, atenta contra el desarrollo comunitario, y a la postre, abona a la desigualdad social que se vuelve pobreza, dependencia y marginación.

¿Qué se puede esperar de una población que es educada para mandar, para triunfar, para gobernar?, ¿qué, si el valor que se divulga es el de competir, sobresalir y llegar al éxito?, ¿qué, si nos encontramos en un sistema patriarcal que impone la fuerza, la virilidad y la masculinidad como modelos para ser significativos en esta vida? Somos un conglomerado que sigue patrones comportamentales para ser aceptados como varones y mujeres, prescripciones sociales que validan el ser masculino y femenino, invisibilizando lo que está en sus periferias o lo que les representa una transgresión al poder patriarcal, heteronormativo, falocéntrico y sexista.

La violencia es la práctica de la imposición, del abuso, del odio, del egoísmo y de la venganza; es una epidemia que arrebata tranquilidades, asesina ilusiones, tortura emociones y flagela corazones. Es derrumbar realidades que han sido construidas en terrenos vulnerables “en nombre del amor”; es el romanticismo de quien engaña, promete, lastima, sobaja y ridiculiza, de quien se dice ser omnipotente, omnisciente y omnipresente.

Las estadísticas rojas a nivel mundial reflejan maremotos humanos en lucha constante, frente a frente, para coronarse con el poder que les valide la distinción de ser alguien en este mundo. Atrás queda lo verde y lo azul para teñirse de negro, de una Humanidad cada vez más violenta y desalentadora, porque prefiere la lluvia de balas, bombas y dinamitas a la del diálogo, la mediación y la pacificación.

Lo mismo dan los gritos ensordecedores, golpes titánicos, filosos empujones, que la descortesía, la ignorancia y la omisión; tienen igual efecto negativo los insultos, las descalificaciones y las humillaciones, que los piropos, canciones y refranes que cosifican el cuerpo; es parejo el daño de la violencia simbólica a la económica, de la violencia estructural a la sexual, de la comunitaria a la autoinfligida. Finalmente, la violencia es violencia, poca o mucha, individual o masiva, es el acto transgresor a partir del abuso de poder con el que intencionalmente se provoca daño a un ser vivo; muestras hay múltiples, dadas a conocer a través de las ondas hertzianas de la radio, la imagen multicolor de la televisión, el carrete de la cinematografía, el diseño atractivo de la prensa y un sinfín de portales digitales que dan muestra de un panorama desalentador para la dignidad humana que sucumbe ante actos atroces llenos de maldad y odio.

Millones de historias de todo el orbe se entrelazan en este fenómeno social que tiene cara de violación, asesinato, estupro, secuestro, pornografía, bullying, mobbing y demás situaciones que mancillan el cuerpo, pensamiento y acción humanos. Así, personajes de la literatura universal dan muestra de una realidad que se presenta en todas las épocas: la soberbia de Edipo, quien mata a su padre en Edipo Rey (Sófocles); los viles y siniestros Infantes de Carrión, quienes mancillaron a las hijas de Rodrigo Díaz de Vivar, en El Cantar de Mío Cid (Anónimo); la infidelidad del hombre por el que La niña de Guatemala (José Martí) muere de amor; el alcohólico Jack Torrance, de El Resplandor (Stephen King), con su célebre frase: “No voy a hacerte daño, sólo voy a aplastarte los sesos. ¡Aplastaré tus jodidos sesos!”; el autoritarismo del capitán al torturar al preso político en Pedro y El Capitán (Mario Benedetti); y demás personajes que simbolizan los actos violentos. Llama la atención que la mayoría (si no es que todos) de los sujetos que pecan son varones, y ello refuerza la vinculación de la masculinidad con la violencia, por el hecho de usar el poder (constructo atribuido por y para los varones); si una de las funciones de la Literatura es lo social, evidentemente las obras reflejan que todas las épocas de la Humanidad han sido empañadas por la violencia, la cual está cada vez más normalizada entre las generaciones.

En una sociedad como la mexicana, donde la familia es símbolo de unidad (habría que preguntarnos si esa representación sigue siendo válida ante el aumento de divorcios y separaciones maritales, o bien, ante la resistencia a la soltería o a la no procreación, que inevitablemente impacta en la conformación de familia, por lo menos a la que conocemos como tradicional, o que da pauta a nuevas formas de integración familiar, como las reconstruidas, las homoparentales o las de acuerdo de convivencia entre amistades sin que haya un vínculo erótico afectivo), existe esta creencia romántica de la violencia, donde las mujeres son socializadas para resistir el poder de los varones, como parte de una prescripción social que establece el dominio masculino y la subordinación femenina; sin embargo, habría que explorar con lupa el interior de cada familia para ver las formas de macro y micro violencia que todos y todas realizan, porque no es nuevo decir que somos violentos (que a mi parecer es combinación de una historia prehispánica que tiene sangre guerrera con la constitución biológica que impulsa al ser humano a enfrentar los desafíos ambientales para lo que hace uso de la violencia). Ciertamente son los varones quienes más violentan (no es justificación, pero la estructura social obliga a los varones validar su condición masculina con este tipo de actos), pero también son violentados; evidentemente las mujeres son las más violentadas (así son construidas en la cultura mexicana), pero también ellas violentan. Es un juego de poder en las familias, cuyo interior solo sabe el cucharón que tiene la facultad de estar en el fondo de la olla.

Bien lo dijeron Rivera Aragón y Díaz Loving (2002) “El poder sobre otros seres humanos es muy complejo porque pone en juego relaciones entre individuos, los otros seres humanos pueden replicar, defenderse, huir, obedecer o desobedecer, discutir e intentar ejercer el poder sobre nosotros" (p. 18); ello entonces significa que todos tenemos ese cordón umbilical a la violencia, unos más, otros menos, pero en definitiva, todos y todas contribuimos a que no haya democracia en el espacio que compartimos.

 

REFERENCIAS

Rivera Aragón, S. y Díaz-Loving, R. (2002). La cultura del poder en la pareja. México: UNAM.



domingo, 23 de febrero de 2020

VOCES Y LATIDOS

TRAS DOCE AÑOS DE RODAR

Con la promesa de un eterno recordar
de todo lo que fuimos en el diario vivir,
suelto a quien por años de loco rodar
marcó en mí la oportunidad de coexistir.

La nostalgia se apodera de mi andar,
mi respiro se entristece al escribir;
no queda más que esta realidad aceptar
de un adiós que cuesta trabajo permitir.

Aquel mayo diez que me hizo alegrar,
tras doce años de los dos coincidir,
estará como huella que busca regresar
a un nosotros y nuestra historia resurgir.

Enero treinta y uno fue el día de separar
esta vida que juntos decidimos perseguir;
estarás en mí, estaré en ti, eterno amar,
del amarillo y yo que juramos siempre sonreír.


martes, 1 de enero de 2019

VOCES Y LATIDOS


NEGACIÓN Y DESEO

Ese tu olor, combinado de sudor, con pizcas de temor;
exquisito aroma cual feromonas que alteran mis hormonas.
Enigmática figura, exaltada galanura, pícara ricura;
envuelves mis desvelos de volcánicos celos que no tienen consuelo.

Castigas mi pasión con rechazos de emoción,
lastimas mis sentidos bloqueando los latidos.
Más ignorado puedo estar, pero necio es el palpitar,
que invoco a tu encuentro con mágicos recuentos
de esos placeres que esconden las paredes
en contados atardeceres llenos de esplendor.

Ahora más que nunca encuentro en mi locura
la espera eterna del tiempo que procura
tu pronto regresar en este suplicio comenzar,
en medio del silencio que grita tu llegar.

La prohibición ha marcado la entrega del deseo
y la negación ha sido el impulso coqueteo
de una represión que llora su pronta libertad
a una realidad que aflora en maquillada veracidad.

Es tu máscara una falsedad que pesa cada vez más
ya que se aferra a esconder la esencia verdadera;
no es pecado el encuentro sino lo que se hace creer
para cumplir con la norma de la exigente realidad.

Cual volcán exhalas malestar que erosiona tu tranquilidad
como si la permisividad fuera tu única culpabilidad;
mas no das cuenta de acciones que evidencian fragilidad
de un ser que encadena sensaciones por dignidad.

Despierta y explota tus sensaciones,
fuera de golpes y gritos ensordecedores.
Eres tú, exactamente tú, lleno de emociones,
quien pese a todo tendrás mis veneraciones.



martes, 25 de julio de 2017

VOCES Y LATIDOS

FEBRIL OSADÍA

En mi pensamiento loco estás, cual pecado que me arrastra al insomnio
dejando huellas emocionales en mi exaltado proceso sináptico.
Eres quien con su sola presencia me hechiza a buscar el encuentro
para compartir el mucho o poco tiempo que deja la obligación laboral.

Tú, tesoro que encuentro al cerner historias  vividas por ti, vividas por mí,
encuentro de saberes equidistantes, cada quien en su campiña profesional;
mientras tu lógica y manualidad enaltecen tu informática habilidad,
mi fantasía letrada y pasión comunicativa regocijan mi innata sociabilidad.

El tiempo parece ser bondadoso en eternos rostros que expresan jovialidad,
donde hilos de plata se asoman tímidamente para volverlos interesantes.
Es así que hechizas la mirada de este romántico que se angustia ante tu ausencia,
a quien admiras porque se ha entregado cual espuma, como la marea al mar.

Sí, lo sé; hay un halo de interés que anhela el disfrute atrapado por el superyó.
También, lo sé; hay una realidad que apacigua el deseo de cambiar la historia.
Sea cual sea el momento del sentimiento, deja que ese ello salte a la conciencia
para abonar a la magia de esos encuentros que salpican de emoción a la existencia.

Anhelo, como lo canté un día, que veas mis días llegar al fin, como yo a los tuyos,
nada fácil cuando hay extensiones que duplican tu presencia en bendecidas sonrisas,
mas estoy aquí en la espera de ser quien acompañe tu caminar con gloriosos arrullos
para darle mayor sentido a esta sintonía que nació cuando coincidimos con febril osadía.





domingo, 14 de febrero de 2016

VOCES Y LATIDOS


ESPERÁNDOTE

No me importa que no me ames, que sólo me quieras...a tu estilo.
No me importa con quién estés, ni quién esté a mi lado...velando sueños.
No me importa el tiempo, aquel que me acompaña...en el llanto eterno.
No me importa la villana distancia, que nos separa tontamente...en el amor.

Déjame amarte y déjate sentir esta emoción.
Permíteme conquistarte y permítete estar aquí.

No me importa lo que pase, lo que importa es que tú sepas que estoy aquí...esperándote.



lunes, 17 de agosto de 2015

CRÓNICA

“BOLERO, BOLERO” EN LA CAPITAL

De izquierda a derecha y de arriba hacia abajo, cual gacela que escapa de su enemigo, van manos habilidosas al recorrer cada parte del elegante calzado. Brillar como oro para ser objeto de deseo, por lo menos, desde abajo, es la meta con aquel catrín de barrio que respondió al llamado del “bolero, bolero”.

Son las 10 de la mañana y ya Samuel tiene 200 pesos en la bolsa. Puntual a su cita llega diariamente al centro de la ciudad, a caminar por la zona adoquinada para ofrecer lustre a los zapatos de todo aquel que refleje necesitarlo. Tiene 12 años, y desde hace dos, se dedica a ganarse el pan para no provocar más problemas a su padre, quien víctima es uno más de las víctimas del alcohol.

Con la caja a cuestas recorre las calles Juárez, Lerdo y Abasolo, mirando el ir y venir de la capital. Se acomoda donde el cliente pida y deja su corazón en cada par de que logra limpiar, por eso lo buscan y hasta propinan le dan.

Es su corta vida ya conoce del mundo adulto, pues mientras coloca grasa vuela por sus oídos la queja de la doméstica, los sueños quinceañeros, la corrupción del gobierno, el robo al comercio, el linchamiento a delincuentes, en fin, las historias que dan rostro a la cotidianidad de Villahermosa.

Samuel tiene en su historial el haber atendido a políticos, artistas, periodistas y futbolistas. Mientras enjabona una lodosas botas, comenta que su máximo orgullo es el haber boleado 20 pares de zapatos a su ídolo musical: Checame, quien lo buscó por ser el mejor bolero del centro de la ciudad, y eso, dijo, es una gran satisfacción.

Al día Samuel gana en promedio 300 pesos, en una jornada que va desde las 7 hasta las 12, porque después tiene que ir a casa, dejar dinero, bañarse, comer y salir rumbo a la escuela.


Faltan ya 10 minutos para el mediodía, el sol del trópico arde, y Samuel caminando va, al ritmo del bullicio, despidiéndose con su “bolero, bolero” que se escucha por toda la ciudad. 





viernes, 26 de junio de 2015

REFLEXIÓN

PASAJES DE UNA HISTORIA LLAMADA PESADILLA
Carlos Arturo Olarte Ramos

La inmensidad del mar quedó atrapada en las frías paredes de una botella, la exacta esencia natural de la existencia se empañó, el imponente cielo estrellado bajó cortinas de humo, y la gente, hombres y mujeres que poblaron el paraíso, se volvió piedra, hiedra, miseria. La señal estaba dada, y ante su omisión, la epidemia consumió a la dignidad humana.
En esta sociedad se ha normalizado la violencia, validando prácticas que corrompen con los endebles intentos del orden social. La luz se volvió noche, y el canto mañanero silenció. Pareciera que esta vida se apaga lentamente como chispa que se pierde en el infinito; no es sol, no es luna, es odio, es rencor y es tortura.
La grandeza humana se ha desvanecido por cuanto acto de crueldad la flagela, configurando un rumbo hostil en la historia posmoderna. El cansancio se apodera del descanso, y el odio, del amor. Se esfuma el entendimiento compartido ante la consolidación de la imposición.
Así es el marco de mi entorno nacional, semillero de historias ensangrentadas que reflejan el síntoma de una descomposición colectiva. Así es la realidad de escenarios marcados por la mala fe, actuación que contamina sin piedad.
Basta levantarse para oler penumbras y paralizarse ante el miedo que se apodera de la piel. Basta observar las llamas de la ira que descomponen la soberana tranquilidad.
Así es la realidad de mi patria violentada, agotada por acciones hedonistas de quienes ostentan el poder. Así es el marco putrefacto de la educación, que extermina los intentos por impulsar el desarrollo comunal.
Sólo basta con percibir que noche y día el comportamiento humano se consolida como acción que demerita el valor. Tal vez sea una percepción fatalista de la realidad pero no se está lejos de lo que sucede a diario. Entre marchas y plantones, incendios provocados, robos citadinos y narcomenudeo sin control, pasa el tiempo en este país que pareciera estar de luto ante la pérdida de sus creencias.
Esta es la lente con la que veo a esta sociedad en decadencia, lente que logro ajustar con la invitación hecha para rescatar y practicar la ética, como un recurso de antaño para ser mejor individuo y mejor sociedad.
Para ello se requiere el retorno a lo fundamental, a la esencia misma de cada sujeto para entender que está en un proceso que impacta a la construcción social. En ese rescate de lo fundamental el desarrollo humano ubica a los sujetos a entenderse quiénes son, cómo son y porqué son, para luego integrarse en la transformación social en pro de un sistema más justo.
Entenderse a sí mismo para luego entender a la otredad ya no es de extrañarse. Desde años atrás se ha sensibilizado a la población sobre la importancia de la pluralidad, la equidad y el desarrollo como canales para llegar al entendimiento de lo que se es, pero pareciera que en vez de avanzar se retrocede.
El retroceso no implica fracaso, más bien es el reflejo del miedo para llegar a lo desconocido, por eso el sujeto se paraliza. Si tal situación se observara de manera prospectiva, se identificaría que la parálisis se convierte en indignación, y ésta a su vez, en acción.  
Hagamos lo que haya que hacer, siempre y cuando el actuar sea responsable. Hagámoslo posible, es cuestión de tomar las riendas de la vida para cambiar la historia.





jueves, 11 de junio de 2015

ARTÍCULO DE OPINIÓN

UN ACERCAMIENTO AL DEBATE DE LA ÉTICA Y EL GÉNERO

Carlos Arturo Olarte Ramos

A pesar de que la constitución biológica de los seres humanos se ha mantenido a lo largo de la historia de la humanidad, o bien, se ha transformado para que la unidad corpórea se adapte a las condiciones naturales del espacio que habita, el contexto sociocultural le ha significado una revolución a través del tiempo.
El ser humano nace en un grupo social en donde recibe las bases de su formación como ser individuo, más allá de lo inherente al ser humano. Los vínculos que establece con otros sujetos a partir de la participación en escenarios diversos, impactarán en su comportamiento social. Muchas veces, la formación familiar es rebasada por lo que el individuo recibe en la institución escolar o en la religiosa, o bien, por lo que percibe en los medios de comunicación.
Sea cual sea el caso, el hombre se presenta ante la sociedad como lo que es, como lo que desea ser o como lo que le exigen ser, muchas veces enmarcado por la imposibilidad de ser porque no quiere, no puede o no sabe ser. Cualquiera de las opciones evidencia la vulnerabilidad del que forma parte en una sociedad que establece las prescripciones para hombres y mujeres.
En nombre de la ética se determina que el bienestar común se logra a partir de la participación de todos, enmarcado en un escenario legitimado por las leyes y las buenas costumbres, pero son esos preceptos legales y tradicionales los que favorecen las relaciones de inequidad de género, raza, clase social, educación, economía y religión.
El ejemplo más claro lo representan los vínculos insanos entre hombres y mujeres. Por años las mujeres han desempeñado un rol doméstico que las aleja del reconocimiento público, no así los varones que se ven obligados a ser instrumentales como parte de un ejercicio de poder.
A menos que estén de acuerdo con los roles asignados, o bien, con los roles decididos, esas relaciones representan la oportunidad de conocimiento y crecimiento de sí mismos; es decir, el libre albedrío permite al ser humano desarrollo personal y bienestar emocional.
Cuando se reconocen las desigualdades y se toma conciencia de lo que una sociedad tradicional (llámese patriarcal, heteronormativa, sexista, falocéntrica, androcéntrica y homofóbica) impone a hombres y mujeres sobre su rol genérico, se presenta el conflicto en los sujetos para cumplir con expectativas sociales que muchas veces no forman parte del proyecto de vida individual.
Afortunadamente en la estructura social de la posmodernidad, hombres y mujeres han transformado los paradigmas del comportamiento humano. La permanencia de una sociedad clásica y puritana refleja la resistencia al cambio: hombres y mujeres deberán responder a la exigencia social de ser hombres y mujeres, y se enjuiciará a los que violenten esta normalización.
Por ello los que buscan ser diferentes son estereotipados. ¿Qué de negativo tiene que hombres y mujeres no quieran cumplir con la prescripción social para su género?, ¿qué retroceso implica el que un hombre decida ser doméstico, y la mujer, instrumental?, ¿cuál es el impacto social de la transformación de roles? Tener consciencia de ser hombres y mujeres es una responsabilidad que provocan malestar o bienestar según la perspectiva con la que se analice.
Desde la ética se cuestionan las acciones humanas, los motivos por el actúan de esa manera y las consecuencias de los actos; como es subjetivo, las acciones humanas que cumplen con la normativa social provocará regocijo para algunos y malestar para otros, y aquellas que se alejan de las prescripciones sociales o que las debaten, tendrá el mismo resultado.  
En el colectivo masculino, conformado por aquellos sujetos que se identifican con el conjunto de atributos físicos, psicológicos y sociales de los hombres, existe un objeto de análisis ético: el comportamiento masculino.
Generalmente son varones los que vivencian este género pero las masculinidad no es exclusiva de ellos, también existen mujeres que representan tal constructo. En el mundo masculino existen diversos caminos con el que expresan su condición genérica: el tradicional (modelo hegemónico), el emergente (modelo afectivo) y el divergente (modelo de la diversidad).
Los emergentes y divergentes criticarán al tradicional, el tradicional hará lo propio, mucho más contra el divergente. ¿Quién es el ético? Cualquiera puede ser ético siempre y cuando con sus acciones no provoque el malestar a terceros, un malestar que se traduce en daño. Con esta precisión, toda acción humana implica daño, y por lo tanto, se cuestiona la aplicación ética.
Esto lleva a concluir que la naturaleza humana se corrompe (con todas las connotaciones posibles), por lo que la ética sigue quedando en el campo de la subjetividad. Cada quien determinará su condición ética, del que seguramente no será la misma de quienes están en frente.






miércoles, 20 de agosto de 2014

VOCES Y LATIDOS

LA VOZ, EL SILENCIO

La realidad es subjetiva en la sinapsis individual,
lo mismo se percibe, se difiere en su interpretación.
La expectativa encuadra sin límites a la emoción,
lo distinto se hace evidente, corrompiendo sin piedad.

Pareciera que iguales cromosomas garantiza la equidad
mas la vivencia social hace posible la diferencia.
Si cada quien es un mundo infinito de saberes,
¿por qué esperar entonces ser gemelo en placeres?

No basta atraer, es necesario estar, se requiere hablar;
las palabras son nuestras, el silencio también lo es.
El verbo encerrado quedó en pensamiento,
tras el paso del tiempo que corrió sin parar.

Finalmente la voz se hizo presente ante la ausencia,
con la intención de palpar el imaginario perverso,
minuto a minuto la fantasía quedó sin presencia
por la omisión que empañó al poder de la creencia.

La vida pasa, transcurre, no hay tiempo perdido,
es ganancia afectiva por cada recuerdo que palpita,
es cuestión de acción que lleve a la decisión,
de permitir a conciencia lo que pide el corazón.


lunes, 18 de agosto de 2014

EN FORMA




SIETE MACHOS…ES UN VERDADERO HOMBRE
Carlos Arturo Olarte Ramos

Una lluvia de golpes y luces multicolores parecen ser la feria que enaltece a la violencia en un escenario legitimado por la cultura popular. Hombres y mujeres desatan pasión alrededor del cuadrilátero donde el objeto de poder y deseo se ocultan detrás de máscaras y pantalones; cuerpos masculinos con sendos músculos son secuenciados por siluetas femeninas, incitando al morbo y al lenguaje florido de quienes asisten, por placer, a un deporte que sublima al ataque, la destrucción y la guerra: la lucha libre.

En este ejercicio escrito se pretende interpretar el espectáculo de la lucha libre como una práctica genérica masculina.

Hegemonía al por mayor rodea el campo de acción, delimitado por sendas cuerdas que reflejan la flexibilidad de una sociedad que teme y no a la agresión. Fiel reflejo de una comunidad acostumbrada a ceder ante la fuerza física. Los hombres se convierten en héroes ante la derrota de la otredad, caída, desecha y humillada frente a los gritos ensordecedores de quienes aplauden al ganador. En la lucha libre se revive el salvajismo que caracterizó a los hombres en la antigüedad, ahora aceptada dentro de un escenario que honra al machismo, y repudiada por disidentes de la cultura patriarcal.

Como señalara Connell (2005), el subordinado, el cómplice y el marginado acompañan al hegemónico. El árbitro no es más que el cómplice que valida la fuerza física de quien por minutos ostenta la hegemonía en el espectáculo de saltos, golpes y caídas; el derrotado tiene que aguantar los abucheos al minimizar su fuerza frente al otro, para pasar de un rol protagónico a uno subordinado, en espera de la nueva oportunidad para alcanzar la victoria; entretanto, el marginado es silenciado pues no tiene cabida en esta lucha de poderes, su presencia está marcado por la ausencia. Sin embargo, hay hombres que rompen con el paradigma del machismo, y más allá de ser ente masculino lo son femenino como construcción social. No sólo ellos luchan, también ellas lo hacen: mujeres que muestran la fuerza física de la feminidad; y en ese campo social, hay cabida para hombres que proyectan delicadeza comportamental.

Se rompe entonces con la dualidad del género, dando pauta a las posibilidades genéricas: mujeres masculinizadas y hombres feminizados, mujeres femeninas y hombres masculinos; de todo se aprecia en el cuadrilátero del honor.

El juego que protagonizan estos actores evidencia parte de la esencia mexicana. A este país, mancillado por las esferas de poder, le han etiquetado revueltas, guerrillas, corrupción, y demás fenómenos que deterioran la esencia humana, como parte de un sistema androcéntrico que reproduce el poder masculino, que al no estar orientado a la equidad, desemboca en destrucción.

Así como “Lección de Cocina”, de Rosario Castellanos (2008), es un eufemismo de la obligación marital que tiene la mujer, la lucha libre es una apología de la obligación social que tiene el hombre. Mientras que “tender la mesa” es lo mismo que “tender la cama” para que la mujer prepare el escenario donde el hombre obtenga placer, así “dar golpes y patadas” es lo mismo que “raptar y asesinar” para que el hombre delimite el territorio donde imponga su orden frente a otros hombres y frente a la mujer. En una se requiere la presencia de la delicadeza femenina, y en el otro, la rudeza masculina. No se está permitido que escapen del mandato social.

Los atributos que distinguen a los varones están sostenidos y reforzados por mandatos sociales que son internalizados y forman parte de sus identidades y les señalan –tanto a hombres como a mujeres– lo que se espera de ellos y ellas. Atributos y mandatos expresan esa masculinidad dominante que es su referente y patrón con el que se comparan y son comparados, pero que no necesariamente pueden exhibir o ejercer en los diferentes ámbitos de su vida; por el contrario, su exhibición y ejercicio dependerá: del éxito en pasar las pruebas de iniciación que les permitan reconocerse y ser reconocidos como hombres; de su sensibilidad; de los recursos materiales, simbólicos, institucionales que posean/hereden; del contexto social en el que vivan, entre otros (Olavarría, 2005: 150).
Los conceptos bourdianos, campo social y habitus, están más que claros: en la lucha libre el campo es el ring, el cuadrilátero, el espacio de los golpes; y el habitus, la reacción de quienes están en medio del campo de batalla y los que son testigos de la imposición y subordinación. Los luchadores y los aficionados, como actores sociales, reproducen sin límites la violencia disfrazada de espectáculo.

En la violencia, los cuerpos se convierten en deseo. Los hombres silban a las edecanes que anuncian la entrada triunfal de los luchadores, y las mujeres hacen lo mismo ante la presencia del cuerpo masculino. Ambas unidades corpóreas están delimitadas por entalladas y/o diminutas prendas que poco dejan a la imaginación la diferencia sexual. Entre los aficionados, sino es que entre las edecanes y los luchadores, el deseo sexual se desata, a tal punto que la función de lucha libre se convierte en un intercambio de placeres visuales, orales y físicos, pues no basta con observar, sino gritar y tocar. Así es el espectáculo de la lucha libre, una oportunidad para desahogar lo prohibido.

En el combate el luchador vende su cuerpo convertido en máquina de guerra, omnipotente e indestructible. Su espacio simbólico se transforma con músculos, prendas y maquillaje, para ser, de acuerdo a Freud (1930), como “un dios con prótesis: bastante magnífico cuando se coloca todos sus artefactos; pero éstos no crecen de su cuerpo y a veces aun le procuran muchos sinsabores”. No obstante, se lanza al ruedo en busca de la gloria.

La máscara cumple con la función de protección a la vez de misterio, encerrando la identidad de quien se expone a la opinión pública; la carta de presentación es la fuerza, evidenciada con músculos desarrollados y marcados en trajes de licra para reforzar el deseo; capa y botas completan la indumentaria del luchador o luchadora, en busca del reconocimiento social. “Los disfraces son en sí mismos, y por tanto fácil y fluidamente intercambiables, el género aquí reside en lo imaginario y lo simbólico” (Moreno, 2014). El performance del cuerpo se completa con los colores, que en el vestuario o sobre la piel, reflejan una construcción idealizada, enmarcada por la intención de ser un otro que minimice el deber ser.

Lo subalterno queda al descubierto. Las voces silenciadas de quienes son marginados rompen con los esquemas del poder, pues entre la afición, aquellos que son rechazados, discriminados, excluidos, jerarquizados, toman un lugar en el espacio. Ahí se vuelven personas que unen sus gritos al del poderoso; ahí poco importa si se está cerca o lejos del ring, lo que interesa es que la voz se haga presente para impulsar la rabia de los luchadores. La frustración se queda atrapada en la historia porque el espectáculo de los golpes retribuye lo que ha sido negado.

Siete machos es el patrocinador, y con creces se le hace honor. Si el macho es la representación máxima de la hegemonía masculina, siete machos es la reproducción maximizada del poder que encuentra en la lucha libre el marco perfecto. Otro patrocinador es Cemento Fortaleza, cuyo logotipo es un hombre rudo con un martillo, con casco de obrero, simbolismo del machismo mexicano. Con estos dos significados, ¿podrá estar la lucha libre exenta del machismo? Las acciones de técnicos y rudos en su caminar por la pasarela que lleva al campo de batalla buscan ganar la admiración de los presentes; quien lo consigue tiene el respaldo de contribuir a su victoria.

…al hombre no le resulta fácil renunciar a la satisfacción de estas tendencias agresivas suyas; no se siente nada a gusto sin esa satisfacción (…) un núcleo cultural más restringido ofrece la muy apreciable ventaja de permitir la satisfacción de este instinto mediante la hostilidad frente a los seres que han quedado excluidos de aquél. Siempre se podrá vincular amorosamente entre sí a mayor número de hombres, con la condición de que sobren otros en quienes descargar los golpes (Freud, 1930).
Ya en la acción, los hombres se vuelven rudos y salvajes, pero llega un momento en que ejemplifican lo que podría llamarse el kamasutra violento del ring, puesto que ciertas posiciones que uno le propina al otro, a través de las famosas llaves, son más que posiciones simbólicas sexuales que acercan a los hombres en algo que socialmente no se le está permitido: el contacto corpóreo. Si en lo cotidiano al hombre se le permite el abrazo como lo más íntimo, ¿por qué entonces para mostrar hegemonía se le permite el contacto completo con el cuerpo? Esa parte homoerótica queda silenciada, pero el hombre de verdad se hace presente, y con ello, el pesar histórico de una dominación masculina.

Interpretar la lucha libre como un acto patriarcal pone al descubierto que es una reproducción micro de lo que por siglos se ha construido en la sociedad: el acto de dominar a otros para sentir que hay presencia, legitimado por el poder que otorga el reconocimiento (si no es que subordinación) de los otros.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Castellanos, R. (2008). Lección de cocina. México: UNAM.
Connell, R. (2005). Hegemonic masculinity: rethinking the concept. Gender and Society, 19(6), 829-859.
Freud, S. (1930). El malestar de la cultura. Consultado en mayo de 2014 en: http://www.dfpd.edu.uy/ifd/rocha/m_apoyo/2/sig_freud_el_malestar_cult.pdf
Moreno, H. (2014). Cuerpo y Performance. Debates contemporáneos en los estudios de género, Curso de Verano Colmex.

Olavarría, J. (2005). Género y masculinidades. Los hombres como objeto de estudio. Persona y Sociedad, 19(3), 141-161.